miércoles, 19 de julio de 2017

Nuevas reseñas de la bilogía, la historia de Luna y Adrián

Quiero agradecer a Minny que organizara la lectura conjunta de la bilogía, y el relato que escribí como broche final para la historia de Luna y Adrián. 

Estoy muy contenta porque haya gustado tanto, así que mando un abrazo muy fuerte a las chicas, y espero poder repetir la experiencia muy pronto. Sois fantásticas.

PRIMERA PARTE


El amor llega cuando y con quien menos lo esperas. Luna García está a punto de descubrirlo en sus improvisadas vacaciones con su mejor amiga Tania, que es como una hermana para ella.

Luna renunció a los hombres cuando Hugo, el amor de su vida, sufrió un terrible accidente, tras el cual murió. Lo era todo para ella, pero contra el destino no se puede luchar y Luna lo aprendió por las malas.

Durante el último año ha descubierto muchas cosas sobre sí misma y sobre Hugo. No todas son agradables y hasta que no estuvo sola no fue capaz de darse cuenta, por lo que tiene claro que el hombre ideal no existe y desde luego no va a conformarse con alguien que no la merezca. Su listón está muy alto y no tiene intención de ceder ni un milímetro.

¿Pensará lo mismo cuando esa persona aparezca por fin en su vida?



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SEGUNDA PARTE


El inicio de una relación puede ser increíble si es con la persona adecuada; con pequeños altibajos, pero sin duda, emocionante.
Después de un verano de ensueño, Luna y Adrián tendrán que afrontar que sus vidas no volverán a ser las mismas. Será inevitable.

Uno de los detonantes del fracaso de las relaciones suele ser la distancia, ya que ello da lugar a desconfianzas, inseguridades y miedos, que ponen a prueba los sentimientos de ambas partes. Si además una tercera persona hiciera lo imposible por separarles, la cosa podría ponerse fea.

¿Qué ocurrirá con su reciente noviazgo cuando empiecen a surgir problemas por varios frentes? ¿Ese amor les unirá más, o les acabará separando de manera definitiva?











RELATO FINAL









¡Felices lecturas!

martes, 4 de julio de 2017

Amor a fuego lento - Fragmento capítulo 14



[...]
Se sentaron a la mesa para disfrutar de una comida muy especial a base de canapés, ensaladas de marisco, y langosta como plato principal. De postre tomaron un helado casero de canela buenísimo, y cuando Ashley y Gérard fueron a por la tarta, con una vela en el centro, todos empezaron a cantar el cumpleaños feliz.

Cuando acabaron de aplaudir, Ashley le preguntó a Gérard si quería decir unas palabras, pero le veía tan nervioso, que al final fue ella misma la que habló.

—Hoy es un día muy especial —empezó. Para sus adentros se dijo que tal vez sería el último, pero se guardó esa información, aún con pesar, hasta que no supiera que era decisivo—. Ha sido un placer conoceros a todos, y estar trabajando esta semana a vuestro lado. Espero seguir haciéndolo, claro —bromeó riéndose, lo que hizo que todo el mundo la imitara, incluidos Donovan y Paloma—. Y Olivia, eres una mujer extraordinaria —declaró sin dejar de mirarla—, espero que consigas todo aquello que desees, porque te lo mereces. Y no lo digo porque es una frase bonita y quiero que mi discurso quede bien, sino porque a pesar de que te conozco desde hace muy poco tiempo, sé que eres una persona hermosa por dentro y por fuera. Brindemos por la homenajeada —levantó su copa con champán y todos hicieron lo mismo.

Había conseguido emocionarla de nuevo, pero Ashley vio en su mirada, que esta vez eran lágrimas de felicidad.

—Y debo informarte de que la idea de la tarta fue de Gérard, que ha hecho un trabajo increíble. Estoy segura de que os encantará a todos —anunció Ashley.

Le dedicó una breve mirada y vio que este se sonrojó con violencia y se rió con evidente nerviosismo. Olivia estaba emocionada y sorprendida por su regalo.

—Hubiera sido incapaz de hacer la tarta yo solo —aclaró en voz baja—. Ashley se encargó de la mayoría del trabajo —admitió.

—Eso me encaja más —bromeó Olivia entre risas.

Todos se divirtieron con la burla cariñosa de la cumpleañera, pero las amigas de Ashley les observaban sin perder detalle de sus intercambios de miradas. No podían evitar rehuirse el uno al otro, y tampoco el lanzarse miradas de soslayo cada vez que ambos creían que nadie les observaba.

Cuando se volvieron a sentar a la mesa para disfrutar de la deliciosa tarta de chocolate de tres capas, Erika no pudo aguantar más y le preguntó de la manera más directa, la que acostumbraba.

—¿Ha pasado algo con Gérard? —inquirió en voz baja.

Jenna estaba a su otro lado y ambas estaban inclinadas hacia ella para evitar ser oídas.

Ashley carraspeó incómoda.

—No sé de qué demonios habláis —dijo en voz baja, fingiendo indiferencia.

Puso cara de circunstancias cuando sus dos amigas empezaron a reírse por lo bajo y a cotillear como si no estuviera presente.

—Te lo dije, no paran de mirarse.

—Sí, es ese momento violento después del sexo.

—Seguro.

—¿Ves que no para de mirarla todo el rato?

—¿Ves que ella tampoco?

—Se han acostado y no nos lo quiere decir.

—Qué mala amiga…

Y así estuvieron un rato hasta que Ashley se dio por vencida y se cansó de sus cuchicheos. Si al menos no estuviera sentada en medio de las dos, podría haberlas ignorado más fácilmente, pero sus amigas sabían bien cómo sonsacarle información cuando querían. La habían acorralado a propósito.

—Bien chicas. Sesión de cotilleo terminada. Reunión en mi habitación en quince minutos —bromeó con la cara más seria que pudo poner.

Las chicas chocaron los cinco en sus narices y al final concluyeron su plan para averiguar la verdad. Ashley sonrió. Lo cierto era que se moría de ganas de contarles todo con pelos y señales, aunque le daba miedo lo que pudieran decirle. Que era un error y todo eso. Pero eran sus amigas; solo querían protegerla, y que no sufriera.

No iba a pasar nada, se dijo. Gérard y ella eran adultos, y no tenían por qué complicar algo que no tenía por qué serlo. Sería solo sexo, y cuando llegara el final del programa, se dirían adiós y cada uno volvería a su vida. Ella a Miami, muy lejos de España.

Simple.



Tal y como había imaginado, sus amigas, se sorprendieron por lo ocurrido, aunque no tanto como esperó. Le preguntaron cosas de lo más íntimas y Ashley no dudó en excederse en detalles. Eran sus amigas, y lo cierto era que jamás habían tenido problemas para contar ese tipo de cosas. Pasaron la tarde allí tiradas en la cama de Ashley, cotilleando, escuchando música y tomando café.

El resto estuvo un rato en la piscina y luego viendo una película. Habían quedado todos en montar una pequeña fiesta después de la cena, por lo que tenían el resto de la tarde para hacer cuanto quisieran.

Donovan y Paloma salieron de la casa para estar a solas, y Ashley supuso que irían a la casa de ella, aunque tampoco iba a preguntar. Ahora que todos sabían que no estaban juntos, no tenían que andar a hurtadillas, lo que era un descanso para ambos a decir verdad. Ya no tenían que fingir que estaban casados, y que las salidas de Donovan y su nueva novia eran por trabajo. Aunque aún les miraban con cierto discreto asombro, Ashley no podía culparles, porque aquello parecía casi una serie dramática de televisión. Solo esperaba que con el tiempo todo ese revuelo se olvidara, y sus vidas dejaran de ser un circo mediático. Se trataba de su vida.

Empezaron a arreglarse para la cena y las chicas fueron a sus habitaciones para ducharse. Más tarde se volvieron a reunir en el cuarto de Ashley para maquillarse y peinarse.

Cuando Ashley se miró en el espejo, se vio de lo más sugerente.

¿Pensaría Gérard que estaba sexy?

No tenía ni idea del tipo de mujer que le gustaba, y el que se hubieran acostado, no significaba que ella lo fuera. Tal vez las prefería menos exuberantes, más sencillas y no tan conocidas. Tampoco estaba pensando en tener una relación a largo plazo, por lo que todo eso en realidad era una tontería. Mejor dejar esas preocupaciones absurdas a un lado. Su vestido corto con un solo tirante asimétrico, era muy seductor. Dejaba sus largas piernas suaves al descubierto y el conjunto lo complementó con unos botines negros con tacón alto. Hoy serían casi de la misma altura, se dijo. Gérard no mediría mucho más de un metro ochenta, por lo que sus zapatos la dejarían esa noche solo unos pocos centímetros por debajo, ya que tampoco era una mujer bajita precisamente.

—¿Creéis que me he pasado un poco?

Su pelo caía con suaves hondas por su hombro derecho, y le daba un aspecto muy sofisticado con el maquillaje suave que había usado, pero aún con todo, era una pequeña fiesta entre amigos en una casa, y no una gala a la que tuviera que asistir de etiqueta.

—Estás preciosa y, es una fiesta, por el amor de Dios —soltó Jenna con infinita paciencia—. Es sábado, así que es motivo más que de sobra para arreglarse. No te preocupes, estás perfecta.

Erika le dio la razón y se miró en el espejo del cuarto de baño detrás de ella.

—No es por nada, pero creo que yo voy mejor que vosotras dos juntas —bromeó.

—Es cierto —admitió Ashley con una amplia sonrisa.

Su amiga llevaba un vestido vaporoso ajustado por la parte del corpiño y con una falda por encima de la rodilla. Tenía unos vivos colores verdes y amarillos y un escote corazón que resultaba muy favorecedor.

Jenna había optado por una falda ajustada negra por la cintura y una blusa blanca de manga larga con un lazo al cuello.

Las dos llevaban tacones altos, estaban guapísimas y elegantes. Listas para pasarlo en grande.

Sus chicos se quedaron embobados cuando bajaron las tres juntas, y Erika y Jenna también estaban babeando por los guapos técnicos de imagen del programa. Todo el equipo había sido invitado a la fiesta, aunque no todos asistieron porque tenían compromisos previos. Lo que sí había era gran cantidad de gente, por lo que el catering optó por un bufet libre y así cada uno podría elegir entre sentarse o comer de pie, ya que la sala de reuniones estaba abarrotada.

Lo pasaron en grande; charlaron, contaron anécdotas y aunque Ashley estaba algo nerviosa por el día siguiente, trató que no se notara. Esa noche debía desconectar de todo. Ya no podía hacer nada para dar marcha atrás a todo lo que había pasado esa semana. Para algunas cosas, no deseaba hacerlo.

Gérard estuvo al lado de Olivia en todo momento, pero se le veía algo callado para estar en una fiesta, y no sabía si era por lo sucedido entre ellos, por su amiga, o porque las multitudes no le gustaban mucho. En cualquier caso, Ashley no podía quitarle la vista de encima, y algunas veces hasta se sentía celosa de que cualquiera de las chicas presentes se le acercaran con demasiada confianza. Ella no se atrevía a mostrarse así con él, porque sentía que podrían juzgarla, o pensar mal. Y lo cierto era que Deborah había mostrado un claro apego por él, lo que tampoco le agradaba.

¿Por qué se sentía tan molesta?

Gérard no manifestó ningún interés especial en ninguna otra. Noemí estaba casada, Paloma no contaba, porque todos sabían que tenía algo con Donovan, Erika y Jenna tenían sus propios ligues, así que solo Miriam, Thais y Deborah parecían competir por su atención.

Por un segundo pensó que estaba haciendo el tonto. Debería acercarse a él, hablar como si nada y así dejar de pensar que otros podrían sacar conclusiones, ya que eso estaba solo en su cabeza. Nadie sabía lo que había ocurrido esa mañana, de modo que no sospecharían que estaban liados por el simple hecho de charlar un rato en una fiesta, ¿o no?
Suspiró de pura frustración. 
[...]



Espero que os haya gustado 😊







¡Felices lecturas!